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Relatos sin adulterar - TEMPUS FUGIT

TEMPUS FUGIT - parte 4

7 de Mayo, 2010, 14:57

Por @ 7 de Mayo, 2010, 14:57 en Relatos sin adulterar - TEMPUS FUGIT

-Así que los dos se quieren y desconocen que es recíproco, no?.- preguntó Hades pensativo.- No lo entiendo - continuó - ¿por qué no se declaran su amor?. Los dos serían más felices, ¿verdad?.- preguntó mientras miraba a su encantadora sobrina.

-Los humanos son más complicado que todo eso, tío. No es tan simple para ellos. El probablemente teme romper una hermosa relación y luego no cumplir las expectativas de ella. Y ella probablemente teme lanzarse al vacío y descubrir que todo era una fantasía, y haber perdido la vida perfecta que ya tenía por un simple sueño. Ninguno de los dos se decidirá nunca.- Afrodita suspiró mientras se sentaba en el banco de piedra.

- Sé que los humanos son complicados, pero no les comprendo.- Hades se sentó junto a la diosa del amor.- Yo les veo cuando llegan al inframundo. Sé qué terribles remordimientos les corroen las entrañas y te puedo asegurar, niña, que hay más gente en mis dominios arrepentidos de lo que no hicieron que de lo que hicieron en vida.

-Cierto, pero tampoco pueden saber si su historia de amor tendrá un buen final. Ni siquiera yo misma lo sé.

-¿Cómo es eso?.

-Yo les proporciono el instrumento, pero deben ser ellos quienes interpreten la música.- Afrodita se levantó y volvió a mirarles con tristeza- Tal vez sea mejor que no se decidan nunca. Tal vez, después de todo, su idilio sólo les dure unos días y después, ambos habrán perdido mucho.

-Querida sobrina- corrigió su tío desde la bancada.- Sé lo que los dioses les ofrecemos a los humanos. Les ofrecemos, sobre todo, dolor, hambre, guerra, muerte, enfermedad...Tú, querida sobrina, eres la única que les ofrece algo bello y auténtico. Algo que les demuestra que están vivos, algo que da sentido a sus vidas. ¿Qué mas da que ese sentimiento dure una vida o un segundo?. Con lo terrible que es su vida, deberían lanzarse a esa sensación, siempre que lo sintieran en su corazón, porque esos serán los momentos más bellos y felices de su existencia.

-Gracias, tío. No había visto mi don de ese modo.- Sonrió la diosa del amor.- Hades se levantó y se acercó a la bella diosa para contemplar a aquellos personajes, que de nuevo se estaban separando el uno del otro con dolor en su corazón.

-Tarde o temprano tendrán que entrar en mi mundo y ya será demasiado tarde. Ambos se encontrarán en el Averno, tan cerca que podrán verse, escucharse, olerse. Pero jamás podrán tocarse ni saborearse y tratarán de alcanzarse el uno al otro sin jamás conseguirlo por toda la eternidad.

-Tempus fugit.- Saludó el dios del tiempo que pasaba por allí. Y continuó su camino inexorablemente.

FIN.

TEMPUS FUGIT - parte 3

7 de Mayo, 2010, 13:20

Por @ 7 de Mayo, 2010, 13:20 en Relatos sin adulterar - TEMPUS FUGIT

Ella es una simple aledana que se ha dedicado toda su vida al trabajo del campo. Tuvo una infancia feliz y creció fuerte y sana. Conoció el amor y se casó. Tuvo dos hijos y los dos están fuertes y sanos. Nunca le ha faltado comida ni abrigo en toda su vida. Ella se considera una mujer con suerte y feliz.

Pero algo le enturbia el alma desde las profundas negruras de la noche. Una comezón en su mente, un cosquilleo provocador en la boca de su estómago. Sin darse cuenta, se ve a sí misma besando y acariciando al bardo.

Al principio creía que era una sensación pasajera, algo que con el tiempo se disiparía. Ella tenía marido, y era feliz con él. Pero a pesar de su autoengaño siempre se sorprendía a sí misma canturreando feliz la víspera de la festividad de primavera. Sabía que el bardo estaría en la aldea.

Le encantaba observar al bardo durante su actuación. Era tan atractivo y tan encantador que no podía apartar la mirada de él. Cuando finalizaba su actuación ella siempre echaba unas monedas y se acercaba para felicitarle por sus historias y sus canciones. Le encantaba lo apasionadamente que el bardo recitaba aquellos poemas y con qué simpleza conseguía atrapar a todo el público hasta el final de su actuación.

Ella se plantaba frente a él y le decía quedamente lo maravillosa que había sido la actuación. Ella se concentraba en no tartamudear y en no descubrirse a sí misma, porque le daba mucha vergüenza que él supiera de sus sentimientos. Pero el bardo ni le miraba casi a los ojos y enseguía atendía a otra aficionada más guapa y más joven.

Ella se aleja lentamente de la plaza del pueblo para volver a sus quehaceres. "No sé qué me pasa". Pensaba entonces. "¿Será amor esto que siento?. ¿Qué otra cosa podría ser?. ¿Cómo saber si él me ama?. No." -Pensaba al final.- "¿Cómo va a amarme?. Yo soy una simple aldeana que no tiene nada especial que ofrecer. El puede tener muchas mujeres jóvenes y guapas. ¿Por qué iba a fijarse en mí?".

TEMPUS FUGIT - parte 2

6 de Mayo, 2010, 17:58

Por @ 6 de Mayo, 2010, 17:58 en Relatos sin adulterar - TEMPUS FUGIT

-¿Y por qué está nervioso?. Preguntó el dios de la muerte.

-Ahora llego a eso.- Afrodita sonrió ante la impaciencia de su tío.- El bardo llega a esta aldea y prepara su función. Durante la función mira furtivamente entre el público hasta que la encuentra a ella.- Afrodita señaló a una mujer morena de largo pelo con rostro angelical, que observaba la actuación del bardo completamente fascinada.- El bardo siente algo extraño por ella. El no sabría explicarlo. Nunca ha tenido problemas de compañía femenina, pero siempre le ha parecido que le faltaba algo con todas ellas. Tal vez esa sensación que describe en sus poemas y relatos. Ese amor bucólico y visceral que sienten los poetas y los músicos cuando cantan.

Cuando finaliza la actuación, el bardo deja su sombrero para que los aldeanos le hagan obsequio de algunas monedas por su actuación. Algunos se acercan a él para saludarle y felicitarle. Entre ellos, siempre se acerca ella. El bardo trata de no parecer nervioso ni deseoso de hablar con ella. Cuando por fín la tiene enfrente la ve tan preciosa, tan maravillosa, que desearía abrazarla, besarla y llevársela lejos de allí. Pero nunca lo hace. Siempre mira al suelo y le da las gracias. No se atreve ni a cogerle la mano que ella le extiende. Enseguida atiende a la siguiente persona por miedo a que ella pueda leer sus pensamientos.

Furtivamente la mira mientras se aleja de nuevo de él inexorablemente. "¿Y si ella me amara?". Se pregunta entonces. "No, no puede ser. Ella es una mujer maravillosa, con una vida feliz, un esposo y unos hijos, una vida tranquila y maravillosa. ¿Qué podría yo ofrecerle a ella, yo, un trotamundos que vaga por el mundo cantando y recitando historias?. No." Termina concluyendo. "Ella jamás me amaría. ¿Por qué iba a hacerlo?".

Esa misma noche quizá comparta la cama con alguna joven aldeana, al día siguiente desayunará y pondrá de nuevo sus pies en el camino y a cada paso que de, cada mujer que conozca, siempre tendrá un pensamiento para ella...hasta el próximo año.

-Si le duele verla...¿por qué recala en esa aldea todos los años?.- Preguntó Hades extrañado.

-Realmente es una buena pregunta, tío. Los seres humanos son extraños. Parecen necesitar el dolor para sentirse vivos. Desean lo que no pueden tener, despreciando aquello que tienen a su alcance. Y siempre, siempre, piensan que no se merecen algo mejor.

-Estraños los humanos, sí. Ese hombre morirá triste si sigue así.

-Cierto. Pero el problema de esta historia es que podría tener un final feliz, pero no sé cómo conseguirlo.

-¿Por?.

-Esa era la historia del bardo. Ahora te contaré la historia de la mujer.

TEMPUS FUGIT - parte 1

6 de Mayo, 2010, 12:43

Por @ 6 de Mayo, 2010, 12:43 en Relatos sin adulterar - TEMPUS FUGIT

Salió de las entrañas de la tierra, donde generalmente residía, para subir a lo alto del monte Olimpo, donde sus parientes solían habitar. Al principio sintió que había sido engañado por su hermano y que le había relegado y desterrado al inframundo para deshacerse de él. Y aunque así fuera, con el tiempo llegó a comprender el poder que había obtenido en su lugar.

Nada es más seguro para los humanos, a nada más temen, que a la muerte. Y él, Hades, era el dios de la muerte, el dios al que todos los hombres, mujeres y niños deberían postrarse ante su presencia, tarde o temprano.

Aquel era un poder sin parangón, algo que ni siquiera el rey de los dioses, su hermano Zeus, podría jamás poseer.

De vez en cuando, sobre todo para alguna celebración especial, Hades ascendía desde el inframundo hasta el Olimpo. En los primeros momentos, Hades se sentía muy agobiado al salir de su tierra. Cierta agorafobia se apoderaba de él, además de la sensación de pérdida de poder, de desprotección, que también le acompañaba en su viaje desde el Hades hasta el Olimpo.

Si alguna vez alguien descubría la forma de matar a un dios, cosa muy poco probable, el único momento en el que se podría acabar con la vida de Hades sería durante su pequeño viaje de un mundo a otro. Si eso ocurriera, cosa muy poco probable, en el mundo ya no existiría la muerte. Nadie moriría.

Por eso, el dios de la Muerte ascendía con ligereza para mantenerse desprotegido el menor tiempo posible. En su inframundo, ningún dios mantenía sus poderes. Todos ellos podían pasarse por sus dominios, darse un paseo por los campos Elíseos si así lo deseaban, pero no podían utilizar sus poderes allí. Ni siquiera Zeus, que si unía fuerzas con su esposa Hera, eran capaces de resucitar a los muertos.

Sin embargo, Hades mantenía sus poderes en el Olimpo, como todos los dioses.

Hades saludó a todos sus hermanos, primos y sobrinos. Todos tenían historias que contar. Todos andaban siempre fascinados con los humanos. El sólo veía la tortura, el pequeño infierno que la mayoría de ellos se llevaba desde el mundo de los vivos al mundo de los muertos. La mayoría de los humanos morían con sentimientos de culpa y arrepentimientos que les perseguían hasta el inframundo y de los que jamás podrían deshacerse.

Por eso escuchaba las historias de sus parientes, historias de heroicidades, de guerras, de pasiones, de desgracias superadas...Era ciertamente muy interesante la condición humana.

Cuando el banquete terminó los dioses formaron grupos para charlar. Hades se acercó a su sobrina Afrodita, la diosa del Amor. Afrodita era la diosa más bella que jamás haya existido. Tal vez su belleza residiera en que siempre parecía sonreír. Pero esta vez no sonreía. Miraba desde la balconada un lugar de la tierra en la lejanía. El dios de la muerte decidió acercase a ella para charlar. La mayoría de los dioses le soportaban, pero Afrodita parecía que realmente disfrutara de su compañía.

-¿Qué te preocupa?. Le preguntó. Ella se volvió hacia su tío y sonrió.

-Ven - dijo mientras le cogía del brazo como si acompañara a un venerable anciano.Deseo mostrarte algo.- Y le acercó a la balconada.- ¿Ves aquella aldea de allí? - señaló la voluptuosa diosa. -En ella está suceciendo desde hace años una historia que parece que nunca tendrá fin.

-Cuéntame.- Pidió del dios de la muerte.

Ese es un bardo. Viene de tierras del norte. Es un artista. Sabe cantar, recita poemas e historias y también sabe hacer juegos de magia. Como ves, es muy atractivo e ingenioso. Lleva muchos años deambulando por el mundo ganándose el pan con sus trucos y con su música. En cada fiesta de la primavera, este bardo visita esa aldea, una aldea como otra cualquiera. No tiene nada de especial. Pero el bardo se pone algo nervioso siempre que llega a esta aldea.

Cuando llega, al igual que en las demás aldeas, todo el mundo le saluda afablemente porque le cae bien a todo el mundo y desean poder disfrutar de sus historias y su música. Es un soplo de aire fresco en la monotonía de las aldeas humanas.

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