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Relatos sin adulterar - EL INTRUSO

EL INTRUSO (Parte 4)

4 de Diciembre, 2008, 10:45

Por @ 4 de Diciembre, 2008, 10:45 en Relatos sin adulterar - EL INTRUSO

Cuando despertó se sintió completamente perdida. Le dolía ligeramente la cabeza y se sentía completamente abotargada. Se tocó la frente con la mano, donde le dolía. Había un chichón que todavía le palpitaba. Abrió por fin los ojos completamente intentado recordar dónde estaba y qué había pasado.

Todo estaba oscuro. Intentó situarse. Estaría en su cama, en su habitación. Extendió la mano derecha para encender la lámpara de mesa, pero allí no había ninguna mesilla, ni tampoco ninguna lámpara. Extendió más el brazo en busca de la luz reveladora. Por fín tocó algo, pero no era la lámpara.

- Hola, Laura.- Laura gritó. Había reconocido lo que había tocado. Era una mano. Aquella voz susurrante estaba a su lado. Corrió en la oscuridad en dirección contraria a aquella voz gritando, pero no tardó en darse un golpe con la pared y caer al suelo aturdida. - Disculpa. No me he presentado. - Dijo aquella voz cada vez mas cerca. Laura extendió los brazos al frente a la defensiva. Sabía que él estaba ahí, pero no podía ver, ni siquiera intuir nada. Todo estaba muy oscuro. Podía oir su respiración cada vez más cerca de ella. No podía soportar el pánico que la invadió. Ya no conseguía ni tan siquiera gritar. Estaba completamente paralizada, como un cervatillo ante los faros de un coche. - Me llamo Jack. Soy tu Jack.- Dijo.

Laura consiguió volver a gritar, se puso en pie y salió corriendo hacia la oscuridad. Su carrera fue interrumpida brúscamente por la pata de la cama. El dolor le subió por toda la espinilla, pero no se cayó. Subió sobre la cama y continuó la carrera. Cuando llegó hasta la otra pared se detuvo y empezó a llorar. Lloró de dolor, lloró de miedo y lloró de impotencia.

- Por favor.- Musitó. - Por favor, que sea un sueño, por favor.

EL INTRUSO (Parte 3)

21 de Octubre, 2008, 17:27

Por @ 21 de Octubre, 2008, 17:27 en Relatos sin adulterar - EL INTRUSO

No podía soportar más sin poder verla, olerla, sentirla. Estaba muy enfurecido con ella. Empezó a albergar deseos extraños. La amaba, pero la odiaba. Deseaba verla sufrir por lo que le estaba haciendo sufrir a él.

Laura ya casi no salía de casa. No podía verla. Y tampoco podía oírla. Ya no cogía el teléfono. Pensó en hacerse pasar por un repartidor de comida a domicilio. Observó y observó buscando un patrón de conducta que le hiciera pronosticar cuándo sería la próxima vez que llegaría el repartidor.

Sin embargo, la investigación fue infructuosa. Sus pedidos eran erráticos. No había forma de preverlo.

Volvió a llamar. "El teléfono marcado no existe". Tiró el teléfono contra la pared haciéndolo añicos. Se dirigió hacia la mesa gritando y tiró todos los papeles, las carpetas, las fotos al suelo. No fue suficiente. Cogió la esquina de la mesa y la tumbó. Siguió sin ser suficiente. Cogió la silla y la estampó contra la pared. Una de las patas se soltó. Cogió la pata a modo de bate de beisbol y comenzó a propinar golpes a todos los muebles, la lámpara de mesa, el jarrón; luego a la pared llena de fotos de ella. Golpeó una y otra y otra vez sin cesar, hasta que quedó exhausto.

La foto de Laura había quedado destrozada.

- Te mataré.- Musitó mientras cerraba con fuerza el puño.

EL INTRUSO (Parte 2)

17 de Octubre, 2008, 9:33

Por @ 17 de Octubre, 2008, 9:33 en Relatos sin adulterar - EL INTRUSO

Laura vivía completamente atemorizada. Desde que notó que alguien había estado en su casa todo fue a peor. Empezó a recibir llamadas. Ella contestaba y nadie hablaba al otro lado. Pensó en cambiar de teléfono, pero al final lo desenchufó y compró un móvil cuyo número sólo dio a los más allegados y a su jefe.

También empezó a recibir cartas. Su contenido hablaba de amor obsesivo. Hizo copias y se las llevó a la policía que de nuevo no hicieron mucho más que decirle que lo investigarían.

Cuando salía de casa le daba la sensación de que la vigilaban constantemente. Empezó a salir menos de casa. Sólo lo imprescindible. Su casa se convirtió en un búnquer. Se aseguró de poner cerraduras y puso rejas en las ventanas. También puso una alarma.

Sin embargo, las cartas y los e-mails cada vez eran más agresivos. Al principio hablaban de amor, pero ahora empezaban a ser más amenazadores. Temió por su vida y así se lo comunicó a todo el mundo, incluída la policía.

Un día dejó de ir a trabajar. Su hermana le aconsejó que visitara a un psiquiatra. Laura lo pensó, pero al final no fue. No quería salir de casa.

Pasaron las semanas y Laura recibió una llamada del móvil. Su jefe la había despedido.

La joven se deprimió tanto que se planteó incluso el suicidio. Se pasó toda la noche en vela una vez más.

Al día siguiente haría los planes necesarios para desaparecer sin dejar rastro.

EL INTRUSO (Parte 1)

10 de Octubre, 2008, 12:21

Por @ 10 de Octubre, 2008, 12:21 en Relatos sin adulterar - EL INTRUSO

Sentía cómo un cosquilleo le recorría todo el cuerpo cuando consguía verla. Su obsesión le había hecho perseguirla por todas partes. Había recabado información sobre ella. Su infancia, sus notas en el colegio, la ropa que vestía, el perfume que compraba, el nombre de su primera mascota, su plato favorito...

Tenía una habitación única y exclusivamente dedicada a ella. Las paredes estaban repletas de fotos suyas, la mayoría hechas por él mismo mientras la espiaba y otras robadas de su propia casa, o incluso de los albunes de amigos y parientes.

Su vida se basaba en ella. Laura. Hasta pronunciar su nombre le cosquilleaba el estómago. Vivía frente a ella. La mayor parte del tiempo la observaba desde su ventana con las luces apagadas. Le encantaba verla ir y venir por el pasillo de su casa con esas ligeritas prendas femeninas.

Siempre había tenido mucho cuidado en no hacer notar que había estado en la casa. No deseaba perturbarla. Pero la última vez no pudo evitar llevarse aquel vestido azul turquesa tan sexi que llevó en la celebración de fin de año. Ella debió notarlo porque llamó a la policía. Esta se personó en su casa. Tomó huellas y le dijeron que la mantendrían informada.

Nunca hacían mucho más. Laura cambió la cerradura de su casa y puso una más de refuerzo. También puso unos cerrojos en las ventanas y comenzó a echar las cortinas siempre que estaba en casa.

Eso le disgustó mucho.

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