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Relatos sin agulterar - UN ALMA, MIL VIDAS

UN ALMA, MIL VIDAS (Paraya - vida 102)

24 de Diciembre, 2008, 8:14

Por @ 24 de Diciembre, 2008, 8:14 en Relatos sin agulterar - UN ALMA, MIL VIDAS

Hola. Soy Paraya. Soy muy vieja. Ya ni recuerdo la edad que tengo. Vivo en una hermosa ciudad amurallada entre dos mares llamada Troya. Recuerdo perfectamente lo esplendorosa que era esta ciudad en el pasado.

Cuando yo era una niña, Troya controlaba el paso de Dardanelos. Todas las rutas comerciales pasaban por aquí, tanto por tierra como por mar y todos debían pagar peaje al rey. La ciudad poseía grandes riquezas y negocio, puesto que muchos viajeros paraban en nuestra tierra para aprovisionarse y descansar.

Los teucros éramos independientes y fuertes y teníamos el respeto de los pueblos que nos rodeaban, sobre todo porque teníamos el apoyo de los hititas. Pero ahora los hititas están inmersos en guerras internas que les han desgastado completamente y los aqueos, que controlan el comercio marítimo por el Egeo, miraron de nuevo a nuestra costa. Controlar Dardanelos era controlar el comercio desde y hacia el Mar Negro.

Nuestro rey pensó que tomando como esposa a una princesa aquea, podría forzar un pacto de convivencia entre los dos pueblos. Pero hay muchos reyes aqueos y algunos no desean la paz, sino las riquezas de Troya.

Llevamos décadas sufriendo asedios y ataques indiscriminados frente a nuestras costas  a barcos mercantes. La inseguridad ha llegado a tal extremo que poco a poco las rutas comerciales se han ido desviando para evitar nuestra ciudad y la economía ha descendido.

Ahora Troya ya no es la espléndida ciudad que antaño era. Yo enviudé hace muchos años y heredé la tienda de mi esposo. Junto a mi hija intentamos mantener la tienda a flote, pero ya casi no llegaban mercancías por culpa de los asedios y los ataques de los aqueos.

Mi hija tiene dos niños preciosos. Se marchó hace un par de años con su esposo al interior. Se alejó de Troya. Hizo bien. Quiso que fuera con ella pero yo ya estoy muy mayor para viajar.

Anoche fue la última incursión de los aqueos. Esta vez fue fácil vencer nuestras murallas. Estábamos exhaustos, faltos de armas y de hombres jóvenes y fuertes. No hubo mucha resistencia. Troya ha caído. Los prisioneros fueron seleccionados. Aquellos que podían servir de algo serán llevados como esclavos. Los que no servimos esperamos nuestro turno.

Un soldado aqueo se ha puesto a mi espalda. Me coge de la mandíbula y me la levanta. Noto un dolor agudo en el cuello. Intento gritar pero me ahogo. El soldado me suelta y caigo al suelo. Duele mucho. Me llevo la mano a la garganta. Mis ojos se nublan mientras mis fuerzas flaquean.

Después nada.

UN ALMA, MIL VIDAS (Vida 657 - Madelaine Marie)

23 de Septiembre, 2008, 17:49

Por @ 23 de Septiembre, 2008, 17:49 en Relatos sin agulterar - UN ALMA, MIL VIDAS

Soy Madelaine. Tengo 33 años. Vivo en Francia. Tengo el rango de perfecta en mi comunidad. Eso me obliga a mantenerme célibe y a no comer nada animal para mantenerme pura.

El papa ha iniciado una campaña contra nuestra comunidad religiosa. Muchos cátaros han muerto ya. Algunos nos hemos refugiado en el castillo de Motsegur. Los soldados no han logrado entrar en el castillo, pero nos mantienen asediados desde hace semanas.

El agua empieza a escasear y también la comida. La moral de la gente está por los suelos. Veo las caras de la gente angustiada mirando al cielo esperando un milagro que no llega. Antes de ser perfecta tuve familia. Ahora sólo me queda mi hija Esther Marie que cumplió 16 años hace unos días.

Los perfectos somos llamados a la sala del trono. Hay noticias. Los católicos que nos asedian nos proponen la rendición a cambio de perdonarnos la vida, excepto a los cabecillas, o sea, nosotros. Hay todo tipo de discusiones. Se hace referencia una y otra vez a las escrituras. Yo sólo pienso en mi hija Eshter. Por fín se vota. Yo voto a favor de la rendición.

André habla con la población y les explica la situación. Muchos gritan pidiendo morir junto con nosotros. Mi hija se acerca y me pide que la haga perfecta para poder morir y viajar al otro lado conmigo. Me niego rotuntadmente. Ella debe vivir. Le ordeno que si así se lo exigen para seguir viva, reniegue de sus creencias. Ella no quiere, pero no puede desobedecerme. Además de su madre, soy su superiora y su guía espiritual. Debe aceptar mis premisas.

Las puertas del castillo se abren y los soldados entran. La mayoría esperamos a ser detenidos, pero faltan algunas caras. Algunos de los perfectos debieron huir en la noche. También hay perfectos nuevos. Gente que ha sido elevada de rango para poder morir junto a nosotros.

Después del juicio preparan la hoguera. Uno a uno nos atan a los postes. Vuelven a preguntarnos si renegamos de nuestras creencias. Volvemos a negarnos. Yo estoy tranquila. Mi hija está a salvo. Además, me reencarnaré y volveré a empezar una nueva vida.

Un soldado acerca la antorcha. Las llamas se propagan por toda la leña que está muy seca. Toso mucho. Me siento ahogar por el humo. Comienzo a notar algo de calor. Los gritos de la gente que ha acudido al espectáculo se vuelven más estruendosos. Miro a mi izquierda. André está a mi lado gritando con sus vestiduras en llamas. Yo no consigo respirar. El aire está muy denso y caliente. Estoy perdiendo el sentido.

Después, nad.

UN ALMA, MIL VIDAS (Vida 231 - Dagoner)

23 de Septiembre, 2008, 15:47

Por @ 23 de Septiembre, 2008, 15:47 en Relatos sin agulterar - UN ALMA, MIL VIDAS

Soy Dagoner. Tengo unos 27 años. Pertenezco a la tribu de los pictos. Nos llaman así porque nos pintamos el cuerpo. Los romanos abandonaron nuestras tierras hace tiempo. Mi madre me contaba historias de ellos. Hablaba de ellos como si fueran casi dioses, pero sólo eran hombres con mejores armas.

Hubo un cónclave hace unas semanas. Los jefes se reunieron porque se oía decir que los sajones estaban invadiendo la isla de Bretaña. Al principio se creyó que eran rumores, pero resultó ser cierto. Sus incursiones cada vez eran más osadas y cada vez abandonaban más la costa y se internaban en la isla.

Todos los hombres capaces, y algunas mujeres, hemos sido llamados a luchar. Yo ya he luchado mucho. Llevo cicatrices por todo el cuerpo y perdí un dedo de la mano derecha, lo que sólo me impide tirar con arco.

Pero esta vez va a ser distinto. Las tropas sajonas son muchas y están mucho mejor pertrechadas. Nosotros somos menos. No tenemos esas grandes espadas y esas armaduras pesadas. Nos van a masacrar.

Mi esposa quiere luchar, pero la he convencido para que abandone la isla con nuestros dos hijos.

Ya resuenan los tambores. Las tropas sajonas se acercan a nuestra posición. Tengo un alto rango y muchos hombres a mis órdenes. Seremos la avanzadilla. Entre estos hombres hay amigos míos y muchos buenos guerreros. Si muero habré luchado con honor y junto a grandes personas. Estoy preparado para lo que venga.

Levanto mi espada y espero la señal de mi general para cargar. No tenemos nada que hacer. Veo la señal y me lanzo a la lucha. Grito para darme valor y animar a mis tropas. Todos mis hombres me siguen. Entre los gritos escucho el silbido de las flechas. Por encima de nuestras cabezas vuelan las nuestras que serán muy certeras, pero no será suficiente.

Antes de que lleguemos hasta los sajones recibimos la hondonada de sus flechas. Una me pasa muy cerca de la oreja y se clava en el ojo del hombre que corre detrás de mí.

El tiempo parece no pasar cuando estás en el fragor de la batalla. Gritos, sangre y ruidos de espadas. Relinchos de caballos, peticiones de ayuda y mucho barro. No sé cuánto tiempo llevo ni a cuántos he matado, pero alrededor sigue habiendo mas y mas enemigos. Todavía soy joven y las fuerzas no me flaquean aún.

Entonces, un dolor agudo en mi espalda. Intento darme la vuelta, pero algo me lo impide. Miro hacia abajo y veo cómo una lanza asoma por mi pecho. Ya no oigo nada. Todo está en silencio, pero el rojo se acentúa más. Veo caer unas gotas de mi sangre mientras la tierra parece avalanzarse contra mí. Después, nada.

UN ALMA, MIL VIDAS (Vida 220 - Germana)

19 de Agosto, 2008, 10:37

Por @ 19 de Agosto, 2008, 10:37 en Relatos sin agulterar - UN ALMA, MIL VIDAS

Soy Germana. Tengo alrededor de 16 años. No estoy del todo segura. Vivo en Heculano, junto al mar. Antes vivía muy lejos de aquí, al norte, pero mi tribu entró en guerra contra Roma y perdieron. Nos cogieron como esclavos a las mujeres y a los niños. Yo por entonces era una niña, aunque lo recuerdo perfectamente. Intento no olvidar mi lengua materna y las costumbres de mis padres, pero es difícil.

No tengo ni idea de si alguien de mi familia sigue viva. Mi padre y mi hermano mayor fueron a luchar y a mi madre la separaron de mí. El grupo de esclavos fue separado en dos antes de llegar a las montañas. Mi grupo traspasó las montañas y el otro grupo continuó hacia el oeste. Espero que mi madre esté bien. Estaba embarazada cuando nos separamos.

Llegamos a una gran plaza y comenzó la subasta. Me compró una mujer gorda y me llevó a su casa. La mujer se portó mas o menos bien. Me dio de comer y beber y mando a otra esclava que me diera un baño. Poco a poco fui aprendiendo algunas palabras. La casa era un burdel, pero la mujer gorda me puso a ayudar a la cocinera. Aprendí a cocinar.

Las mujeres que trabajaban allí eran todas esclavas. Había esclavas de todo el mundo. La más exótica venía de más allá de Etiopía. Su piel era negra como el tizón, pero era muy simpática. Se reía mucho. Cuando me vino la regla, la mujer negra me enseñó lo que se esperaba de mí. Dejé la cocina y empecé a trabajar en el burdel.

La primera vez fue horrible. Un hombre gordo y asqueroso había pagado mucho para desvirgar a una niña y no fue nada agradable. Luego tuve suerte y me tocaron algunos hombre más jóvenes que se portaban bien conmigo. Al menos tenía un techo que me cobijaba y comida en el plato dos veces al día.

Se oyó algo muy fuerte. No sabría definirlo, pero era mas fuerte que un trueno. Era la hora de comer. Salimos algunos a la calle y vimos en el cielo unas nubes oscuras que se acercaban hacia la ciudad. Las nubes parecían provenir del monte Vesubio. La dueña nos dijo que entráramos en casa. Mandó a uno de los criados a informarse.

Yo volvía a salir a la calle y observé aquella nube negra que se acercaba inexorablemente hacia nosotros. Dentro, todos se afanaban para preparar el equipaje. La dueña había decidido que nos íbamos al puerto a coger un barco. Pero no hubo tiempo. Grité a la dueña que la nube estaba a punto de alcanzar la ciudad. Ella se asomó junto con otras esclavas. Cada vez hacía más calor.

Calle arriba comenzó a venir una riada de gente que corría y gritaba hacia nosotros. El calor cada vez era más insoportable. Alguien me empujó y caí al suelo. Cuando pude intentar incorporarme sólo pude sentir un terrible calor. Y después, nada.

UN ALMA, MIL VIDAS (Vida 999 - Paul)

19 de Agosto, 2008, 9:52

Por @ 19 de Agosto, 2008, 9:52 en Relatos sin agulterar - UN ALMA, MIL VIDAS

Soy Paul. Nací en una pequeña villa de Gales, cerca de Cardif. Ahora tengo 31 años. Soy teniente del ejército británico. Piloto un avión de la RAF. Me metí al ejército porque mi padre y mi abuelo también fueron soldados. Mi hermano mayor también está en el ejército. El es capitán de un acorazado. Creo que está en alguna parte del Atlántico. Allí hay muchos submarinos alemanes y hace un par de meses que no sabemos nada de él. Tal vez haya muerto. Es lo más provable.

Yo estoy de permiso en Londres. No tengo queja de mi vida. Tuve una niñez feliz, tuve una educación y un padre estricto aunque justo. Fuimos cuatro hermanos. Mi hermano menor murió cuando yo tenía 10 años de fiebres tifoideas. Y luego está mi hermana, que se casó justo antes de empezar la guerra y ya ha enviudado.

Mi madre murió al dar a luz al pequeño, así que no tengo muchos recuerdos de ella. No tengo esposa, lo cual enfurece mucho a mi padre. La verdad es que he tenido muchas novias, pero no consigo encontrar ninguna que consiga mantener mi interés durante mucho tiempo. Como soy bien parecido y mi apellido tiene un prestigio, no he tenido nunca problemas para atraer a las mujeres. Y es increíble lo fácil que es convencerlas. Después, ya no me interesan.

Vamos, mi vida tampoco ha sido muy mala y todo me iba bien hasta que mi país se involucró en esta gran guerra. Ahora, cada vez que subo al avión, me hago a la idea de que sea la última vez. Cada vez que despega mi escuadrón, perdemos a alguien. Hace poco vinieron unos pilotos polacos. No hay quien les entienda cuando hablan, pero al menos saben llevar un avión y hacen bulto. Incluso a veces derriban aviones alemanes. Y es que a estas alturas de guerra, tenemos más aviones que pilotos.

Estoy en un club. Hay dos mellizas cantando sensualmente en el escenario. Me meso el bigote delicadamente. Veo a mi compañero Henry sentado en la mesa frente al escenario. Me acerco y saludo. Hay mucho barullo a mi alrededor. La gente en Londres vive los momentos. Nunca se sabe cuándo te va a caer una bomba encima. En cuanto hay un momento de paz, la gente se mete en estos locales a beber y a reir como si fuera Nochevieja.

Las mellizas han terminado de cantar y son sustituidas por una orquesta. Tocan bastante bien. Henry las llama. Las conoce de otras veces. Me las presenta. Son rubias y exhuberantes. Las invito a una copa y en pocos minutos ya tengo a una de ellas sentada en mis rodillas, riendo y acariciándome la nuca.

Las luces comienzan a parpadear. Algo pasa. Se oye a lo lejos unas detonaciones. La orquesta deja de tocar y alguien grita que se apaguen las luces. Qué extraño!. No ha sonado la sirena. Es un bombardeo y no se ha oído la sirena.

Las detonaciones se oyen cada vez mas cerca. Me levanto de la silla en la oscuridad y me llevo de la mano a la rubia junto a una pared maestra. Allí nos sentamos y esperamos. Oigo algunas voces que hablan de ir hasta los refugios. Yo lo descarto. No dará tiempo. Las explosiones son cada vez más cercanas y más intensas. Comenzamos a ver los fogonazos por las ventanas. Los motores de los bombarderos se oyen claramente mientras pasan por el cielo de Londres.

El caos se apodera del local. Gritos, gente corriendo de un lado para otro. Entre fogonazo y fogonazo veo la cara de terror de mi acompañante que se aferra a mí como a una balsa salvavidas. Le digo que no tiene de qué preocuparse con voz tranquila, pero las probabilidades son del 70% de que caiga una bomba sobre el edificio o junto a él. Y si eso ocurre las probabilidades de que sobrevivamos son de un 2%.

Las bombas caen alrededor nuestro. Oigo rezos y oraciones, gritos y lamentos. Después, nada.

UN ALMA, MIL VIDAS (Vida 84 - Huhg)

14 de Agosto, 2008, 8:08

Por @ 14 de Agosto, 2008, 8:08 en Relatos sin agulterar - UN ALMA, MIL VIDAS

Soy Huhg. No sé la edad que tengo, pero me hice hombre hace ya algún tiempo. Vivía en un clan con más gente, con mi familia. Tenía una hembra con la que tuve un cachorro, pero otro clan atacó la cueva. Sólo yo sobreviví, aunque quedé mal herido.

Cuando sané mis heridas me dirigí hacia el oeste, en busca de una nueva vida. En mi viaje me encontré con una cara aplastada. Tenía una herida de lanza en el costado y le costaba respirar. Pensé en seguir mi camino, pero aquella hembra abrió los ojos y me miró.

En el clan se hablada de ellos como animales, bestias. Eran horribles con esa gran mandíbula y su cabeza aplastada. Cuando nuestros antepasados llegaron a estas tierras, ellos ya estaban aquí. Ellos intentaban siempre alejarse de nosotros, pero nosotros cada vez necesitamos más territorios de caza, más bosques donde recolectar, así que los íbamos echando y si no querían irse los matábamos.

Decidí ayudarla. La curé y la alimenté. Aunque los caras aplastadas casi no hablan, nos comunicábamos perfectamente con gestos y la hembra intentaba aprender palabras que yo utilizaba. Le costó aprender pero consiguió pronunciar algunas palabras como agua, fuego o mamut. Pronto nos instalamos en una pequeña cueva que nos albergó a los dos. La hembra no quiso marcharse con los suyos. Creo que también habían muerto, como los míos.

Tuvimos una buena vida juntos. Ella era muy solícita en todas mis necesidades y era muy buena haciendo medicinas recolectando. Incluso me dio dos cachorros. Se parecían a ella, pero hablaban como yo y sus cabezas no estaban tan aplastadas.

No echábamos mucho de menos a más gente a nuestro alrededor y yo era buen cazador. Al ser pocos no necesitaba cazar mamuts, así que caballos, búfalos o alces eran suficientes. Un día hice el petate y me fui al norte. Cada cierto tiempo debía aprovisionarnos de la medicina roja que crecía muy al norte, así que me dirigí en busca de la medicina roja. Estaría fuera de la cueva durante mas o menos un mes...

Durante mi viaje encontré algunos clanes. La mayoría me acogían y me alimentaban a cambio de que les trajera también medicina roja. En otros clanes, no me permitían que me acercara y continuaba mi camino. A mi regreso me detuve en las tres cuevas que me habían acogido y les di su parte de medicina roja. Ellos a cambio volvieron a acogerme y a alimentarme. Hice amistades allí.

Faltaba poco para llegar a mi cueva. Ya tenía ganas de volver a ver a mi familia, pero me di cuenta de que había moviemiento cerca del río. Me acerqué y ví un asentamiento. Eran muchos y estaban cortando árboles y haciendo algo así como cuevas con los troncos. Los observé un rato, porque eran raros. Tenían la piel mas clara que yo y el pelo de casi todos era como el sol.

Entonces ví en el fondo del asentamiento a unos niños que jugaban con otro niño diferente. Mi corazón se partió cuando vi que el niño era mi hijo pequeño que había dejado la teta de su madre hacía pocos meses. Estaba atado a un poste de madera como una bestia. Los demás niños le azuzaban y mi hijo intentaba defenderse como podía, completamente magullado.

Grité y corrí hacia mi hijo. Los niños se dispersaron gritando alarmados y yo cogí en brazos a mi hijo. Le arranqué la soga del cuello y lo abracé. Mi hijo me contó que aquellos hombres sol habían llegado hasta ellos cuando estaban recolectando y habían matado a su madre y a su hermano mayor, que intentó luchar contra ellos. Oí gritos de hombres a mis espaldas y me dí la vuelta. Había un grupo que llevaba diferentes tipos de armas en las manos y me gritaban y hablaban, pero yo no entendía mas que sonidos incongruentes. Yo les grité y hablé al mismo tiempo, pero ellos no parecieron entender nada. Dejé a mi hijo en el suelo y cogí mi hacha. Me abalancé hacia ellos. La primera vez no pude vengarme porque estaba malherido, pero esta vez me llevaré a alguno por delante...

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