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Relatos sin adulterar - LA LOBERA

LA LOBERA (Séptima parte)

11 de Septiembre, 2008, 17:05

Por @ 11 de Septiembre, 2008, 17:05 en Relatos sin adulterar - LA LOBERA

El alguacil hacía su ronda como habitualmente cuando una joven morena se le acercó. Era muy atractiva y parecía insinuársele mientras se acercaba a él.

- Señor alguacil, necesito su ayuda.

-Dígame qué le pasa. - Dijo él mientras se descubría la cabeza y le echaba un buen vistazo a los pechos algo visibles. La mujer estaba sudorosa y con el pelo revuelto. Eso hizo que sintiera un poco de presión en los pantalones.

- Al lado del arroyo. Estaba yo llenando unos cántaros cuando he encontrado junto a la orilla lo que parecían ropas de una persona rica. He mirado en el arroyo y en los alrededores y no he visto a nadie. He sentido mucho apuro. Tal vez los lobos han vuelto a atacar. Entonces he venido corriendo en su busca.- Explicó la mujer muy turbada y con los ojos caídos.

Al oir lo de los lobos, Manuel sintió un escalofrío que le recorrió la espina dorsal. Sin embargo, hacía meses que no se había oído a ningún lobo y mucho menos había habido ataques. Recapitulando lo que la joven le había contado se dio cuenta de que había hablado de ropas ricas. Tal vez entre las ropas hubiera una bolsa. La joven parecía tan turbada y asustada que no pensó que se le hubiera ocurrido. Así que decidió acompañarla al bosque, ya que la joven temía volver sola a por sus cántaros.

El alguacil se arrodilló para examinar los ropajes, pero aquellos ropajes no eran de una persona rica. Se sintió decepcionado. Se dio la vuelta con intención de gritarle a aquella estúpida cuando vio que estaba completamente desnuda. La visión de aquella mujer, sin entender por qué, le oprimió el pecho y dio un paso hacia atrás.

- ¿Qué te ocurre?. ¿Acaso reconoces algo en mí?.- El hombre palideció. Una marca de nacimiento sobre el pecho izquierdo de la mujer había llamado toda su atención. La había visto antes y al ver el cuerpo desnudo y la cara y el pelo....Todo encajó. Era como si aquella mujer se hubiera levantado de su tumba para vengarse de él.

- ¿Qui-quién eres?.- Tartamudeó presa del pánico.

- Ohhh. No te preocupes. No soy un fantasma. Sólo soy su hija.- La joven se acercó un par de pasos hacia él.

Manuel se relajó algo. No era un fantasma. Sólo era una muchachita enclenque de carne y hueso desnuda e indefensa. Pero ella sonrió y levantó la cara hacia el cielo. Un aullido perfecto sonó de su garganta y en segundos tuvo réplicas a su alrededor. Las malezas y las ramas caídas curjieron dando paso a una jauría muy numerosa de lobos.

El alguacil miró a su alrededor. Llegó a contar unos 15 lobos, pero no estaba seguro. El miedo comenzó a apoderarse de sus huesos. Empezó a comprender. Ese iba a ser su final.

- ¡Eres una cobarde!. - Espetó el hombre.- Ocultándote tras los lobos.

- ¿Acaso crees que necesito a los lobos para defenderme?.- Dijo la joven mientras se acercaba lentamente hacia él.- Los otros sólo seguían tus órdenes. No merecían mi esfuerzo. Pero tú...- dijo mientras le acariciaba el rostro- tú fuiste el líder. Tú fuiste quien embaucó al resto. Tú quien tuvo la idea de echarle la culpa a los lobos. Tú eres el peor, el depredador supremo y tu sangre sólo será derramada por mí.

Antes de acabar la frase hizo un movimiento rápido de muñeca y el hombre vio cómo el rostro de aquella jovencita se salpicaba de sangre. Le costó reaccionar y percatarse de que le había rajado el cuello. Intentó taparse la herida en la mano mientras sus piernas perdían fuerzas. Los lobos aullaban a su alrededor.

La mujer se agachó y le susurró al oído: "Están impacientes. Es su hora de cenar...". Y se alejó de él. Los lobos se lanzaron sobre él. Gritó de dolor, pero no pudo emitir ningún sonido. El corte le había cortado las cuerdas vocales. Los lobos comenzaron a devorarle antes de que dejará de respirar.

La joven muy satisfecha se dirigió al arroyo y se metió en él. Se labó delicadamente toda la sangre de su cara, su pecho y su brazo mientras canturreaba feliz en el agua. Después salió del arroyo y volvió a vestirse. Los lobos seguían en su banquete. Cuando terminaran, ella y los lobos cambiarían de lugar. La muerte del alguacil alertaría de nuevo a la población y volvería a buscar culpables. Esta vez tal vez acertaran.

Fue una lástima que la mujer que quemaran en la hoguera fuera la curandera que la curó de niña, pero no pudo hacer nada por evitarlo.

Al día siguiente, todos comenzaron a buscar al alguacil. Bernarda en cambio, había ido a las tumbas desconocidas de su hermano y su cuñada y puso unas lápidas con sus nombres, arregló las tumbas y puso unas flores. Por fín, después de 15 años, pudo arrodillarse y rezar por sus almas frente a sus tumbas. Por fín podría pedir misas por ellos.

FIN

LA LOBERA (Sexta parte)

11 de Septiembre, 2008, 16:48

Por @ 11 de Septiembre, 2008, 16:48 en Relatos sin adulterar - LA LOBERA

La Santa Inquisición había prometido solucionar el problema. Hicieron sus averiguaciones y llegaron a la conclusión de que una bruja estaba controlando, con las malas artes aprendidas del Infierno, a los lobos para asesinar a hombres honrados y decentes.

Torturaron a la mujer de las más terribles formas hasta que al fin confesó. Había estado teniendo contacto íntimo con el demonio que se manifestaba en forma de lobo. En pago a sus relaciones carnales, Satanás le había permitido dominar a los lobos. Ella decidió  utilizar a los lobos para asesinar a los hombres que le habían negado los placeres carnales.

La mujer, casi sin voz y sin fuerzas, firmó la confesión. Al día siguiente, le cortaron la lengua y la ataron sobre una pira. La gente de todos los pueblos de alrededor se había desplazado para ver el horrendo espectáculo.

La Santa Inquisición quedó satisfecha y sus representantes decidieron que todo estaba en paz, puesto que a los lobos no se les había oído aullar en una semana y las muertes también habían cesado. Todo el mundo estaba ya tranquilo. La bruja ya había muerto y su poder sobre los lobos también.

Manuel estaba pletórico de felicidad. Había llegado a pensar que las muertes no eran en absoluto aleatorias. Las cuatro víctimas y él guardaban un terrible secreto, un secreto que había amenazado con aparecer durante aquellos días. Temió que la Santa Inquisición descubriera lo que había pasado y le culparan a él de todos los males que azotaban la zona.

Ahora era todo distinto. Todo estaba en calma. Todo se había solucionado. Hasta entonces no se había arriesgado a salir de casa de noches y mucho menos a adentrarse en el bosque, aunque fuera de día. Pero ya no había nada que temer, así que volvió a sus rutinas de siempre.

LA LOBERA (Quinta parte)

14 de Agosto, 2008, 8:46

Por @ 14 de Agosto, 2008, 8:46 en Relatos sin adulterar - LA LOBERA

Todavía se despertaba gritando muchas noches, reviviendo lo que les había pasado a sus padres. De todas formas, agradecía tener aquel recuerdo tan nítido, porque podía recordar las caras de aquellos que habían cometido semejante crimen contra su madre y contra ella. Ya habían caído dos.

En la aldea todos la miraban con suspicacia cuando pasaba y algunos murmuraban a sus espaladas. Cuando los dos hermanos Sánchez aparecieron en su propia casa con las gargantas abiertas, un comité de crisis se reunió en la iglesia.

Las batidas no servían de nada. No conseguían encontrar nunca a los lobos. Era como si los lobos no existieran realmente, como si fueran sus fantasmas. Alguien comentó que tal vez era una venganza de los espíritus de los lobos que hacía unos años cazaron cuando lo de aquella pareja en el bosque. Al fin y al cabo, los cuatro habían participado en aquella histórica batida.

- ¿Y por qué iban a querer vengarse unos lobos que habían cometido semejante crimen?.

- Tal vez no fueran ellos los que mataron a aquella pareja y por eso sus espíritus están inquietos y buscan venganza.

Todos vociferaron ininteligibles frases, pero la idea general venía a ser que aquello era una tontería. Que fueron los lobos y que esta vez también habían sido los lobos.

- Si no los encontramos es porque tal vez no buscamos en el lugar indicado. Tal vez vengan hasta aquí para cazar pero sus guaridas estén mucho más lejos.

- No, no. De noche se les oye aullar. Están en el bosque.

- Pero en el bosque no se les encuentra.

De nuevo gritos y discusiones.

- Yo creo que hay magia negra en todo esto. Alguna bruja ha hecho un pacto con el diablo y está utilizando a los lobos para sus pérfidos planes.

Voces de afirmaciones en general.

- Hay que encontrar a la bruja y quemarla en la hoguera antes de que traiga el mal a nuestras casas. - Dijo histérica una mujer.

Todos llegaron al acuerdo. Debían pedir ayuda a la Santa Inquisición. Encontrarían a la bruja y una vez quemada, los asesinatos y los lobos dejarían de ser un problema.

La Lobera (Cuarta parte)

29 de Julio, 2008, 17:20

Por @ 29 de Julio, 2008, 17:20 en Relatos sin adulterar - LA LOBERA

Ella sentía una necesidad irrefrenable de volver donde sus padres habían muerto.

Así conoció a los lobos. También ellos se habían quedado huérfanos. Ella se adentraba en el bosque todos los días para llevarles comida. Cantaba y jugaba con ellos durante horas y luego, volvía a hurtadillas hasta la casa de su tía Bernarda.

Los años fueron pasando lánguidos y tediosos. No se había registrado ningún otro ataque de lobos, aunque los aullidos volvían a escucharse fuertes y estridentes en la profundidad del bosque. La niña se hizo mujer. Los cachorros crecieron y tuvieron más cachorros y estos a su vez más cachorros. La manada había crecido considerablemente. Y todos jugaban con ella. Todos la seguían y respetaban como si fuera su líder.

Una noche de Agosto muy calurosa empezó la pesadilla. Un aldeano había aparecido con la garganta y las extremidades desgarradas. La gente se atemorizó y volvió a culpar a los lobos. Una partida de caza se adentró en el bosque al día siguiente del suceso. Pero esta vez, todo fue distinto. No consiguieron cazar a ningún lobo. No estaban. Era como si la tierra se los hubiera tragado. Sin embargo, cuando la luz del sol ya casi se desvanecía por completo y todos se disponían a regresar, un alarido terrible retumbó por todo el bosque. Todos corrieron hacia la dirección del grito y encontraron así a la segunda víctima, descuartizada por los lobos.

El temor y la piedad se apoderó de las aldeas conlindantes, comenzando a sospechar que había mala magia en todo aquello. Que algún tipo de maldición se había apoderado de ese bosque y de esos lobos. Todos estaban atemorizados. Excepto una adolescente de largo cabello castaño que observaba a todo el mundo y que no hablaba. Una joven con un pasado oscuro que pronto comenzó a ser objeto de las habladurías paranoides de las chismosas del pueblo.

La Lobera (Tercera parte)

24 de Julio, 2008, 17:45

Por @ 24 de Julio, 2008, 17:45 en Relatos sin adulterar - LA LOBERA

Varias aldeas cercanas al bosque se hicieron eco de las mutilaciones que había sufrido una pareja a manos de una jauría de lobos. Los ánimos se fueron caldeando hasta que alguien propuso que había que vengar a esa gente, aunque nadie supiera quiénes eran, y matar a los lobos.

La partida se puso en marcha al amanecer. Hubo muchos voluntarios, pero habría que constar que los cinco individuos eran los más animosos. Ellos fueron los primeros en disparar y en aniquilar a un gran número de ejemplares. Cuando la tarde dejó salir a la luna, la gente se retiró a sus aldeas y a sus casas, ya satisfechos de sangre y de venganza, dejando silencioso el bosque. Aquella noche y muchas noches después, no se oyó aullar a la luna.

La niña se quedó muy quieta durante toda la noche, muerta de miedo y de frío. Oyó a los lobos aullar cerca de ella. Un gran lobo gris se acercó hasta el cuerpo de su madre y lo olisqueó. Levantó entonces las orejas y la miró con sus brillantes ojos que la penetraron en la oscuridad. Sin embargo, el lobo no hizo nada. Bajó la cabeza y gimió. Luego, se alejó de allí. Durante el resto de la noche no volvió a ver a ningún lobo.

Cuando amaneció siguió a pie el sendero que sus padres estaban siguiendo. Llevaban un mulo de carga, pero había huído durante la escaramuza. Cuando llegó a la linde divisó la aldea donde vivía su tía Bernarda. Caminó hasta la casa color canela que recordaba en su memoria y llamó a la puerte. Su tía asomó la cabeza y la niña se desplomó al suelo desmayada.

Cuando la tía Bernarda supo lo que había ocurrido en realidad, tuvo la primera intenció de acudir al alguacil y ponerlo en su conocimiento. Afortunadamente, no lo hizo. Se dirigió decidida hacia la casa del alguacil, pero cuando vio al alguacil subiendo calle arriba con un arañazo en la mejilla un escalofrío la recorrió por todo el cuerpo. Dio media vuelta y se dirigió a la curandera para solicitarle asistencia para la niña. ¿Qué podía hacer?. La niña y ella misma podrían correr la misma suerte. Decidió callar e inventarse una historia sobre su sobrina. No la presentaría hasta una semana después y le diría a la gente que se había quedado huérfana y se la habían traído para criarla.

Lo que más lamentó fue no poder enterrar a su hermano y a su cuñada, ni poder llevarles flores ni llorarles en sus tumbas. Los muertos del bosque debían seguir siendo unos desconocidos.

LA LOBERA (Segunda parte)

24 de Julio, 2008, 11:49

Por @ 24 de Julio, 2008, 11:49 en Relatos sin adulterar - LA LOBERA

Ya había anochecido, pero faltaba poco para llegar a la aldea. Sin embargo, decidieron hacer noche en el bosque, puesto que no conocían bien el camino y no deseaban perderse. Además, la niña estaba cansada y hambrienta.

El padre fue a por leña mientras la madre se esmeraba en preparar un lecho bajo unos frondosos nogales. La noche era callada y templada. La niña no hacía más que protestar, así que la madre optó por darle unos frutos secos y acostarla bajo los nogales. La niña se durmió en seguida.

Sin embargo, unas risas la despertaron. Cuando abrió los ojos vio a unos desconocidos que sujetaban a su madre. Uno de ellos reía mientras le rasgaba las vestiduras y dejaba a la vista de todos sus protuberantes pechos. En ese instante oyó los alaridos de su padre que se abalanzaba contra aquellos desconocidos con el hacha de mano amenazante. La niña se llevó la mano a la boca y se escondió entre la espesura, observando la escena con los ojos aterrorizados.

Los cinco hombres acabaron con su padre y después se entretuvieron un largo rato con su madre, que al final dejó de gritar y forcejear. Uno de aquellos hombres, el más joven, miró la escena con preocupación.

- ¿Qué hemos hecho?. Nos van a condenar al garrote por esto!.- Gritó desesperado.

El hombre más mayor lo calmó.

- No te preocupes, Pablín. Le echaremos la culpa a los lobos.

Los hombres cogieron el hacha de mano de su padre y comenzaron a despedazar las extremidades de sus padres, hicieron desgarrones varios por sus cuerpos con un cuchillo. Al cabo de un rato, el hombre más mayor se retiró un poco y miró la escena.

- Sí, creo que ya está. Parece obra de unas bestias.

Los hombres se quitaron las ropas ensangrentadas y las guardaron en un saco, junto a partes de los cuerpos de sus padres. Uno de ellos se encargaría de enterrarlo muy lejos de allí. Se despidieron monótonamente y se fueron cada uno por su lado.

LA LOBERA (Primera parte)

21 de Julio, 2008, 18:09

Por @ 21 de Julio, 2008, 18:09 en Relatos sin adulterar - LA LOBERA

"La mujer que se aventura sola en el bosque, está loca. O es a ella a quien hay que temer".

Este era un dicho que decía mucho mi abuela. Se basaba en una leyenda muy popular de la zona donde ella vivía, en tierras asturianas. El dicho viene a decir que si una persona se atreve a hacer algo peligroso, sólo puede ser porque no esté bien de la cabeza o porque esa persona sea peligrosa a su vez.

Todo venía de la leyenda popular de la lobera, una mujer que vagaba sola por los bosques y que parecía poder controlar a los lobos del bosque, que incluso mataban por ella.

He aquí la historia, tal y como me la contó mi abuela, que en gloria esté:

"Hace mucho tiempo en una aldea, vivió y creció una niña huérfana criada por una tía segunda suya.Le gustaba escaparse y adentrarse en la espesura del bosque y no se relacionaba casi con el resto de los niños, y mucho menos con los mayores. La niña, en realidad, no hablaba nunca. La gente llegó a pensar que era muda, aunque sí hablaba lo justo, pero había gente en la zona que nunca había oído el sonido de su voz. Tan tímida y tan cerrada era aquella niña con todo el mundo.

Lo que todavía no sabía la gente era lo que le había pasado a aquella niña. Lo que le había pasado a sus padres y cómo había ido una y otra vez al bosque para preparar su venganza junto con sus mejores aliados que también clamaban venganza. Los lobos.

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