Ya no nos damos cuenta
cuando es luna llena.
Los ojos clavados a los pies
caminando ciudad a través.
Jungla de asfalto nos devora
absortos mirando la hora.
Nuestros sueños se han ido.
¿Cómo habrá sucedido?
Ya no nos damos cuenta
cuando es luna llena.
Nuestros ojos no saben mirar,
nuestras manos no saben mimar,
nuestros oídos ya no oyen,
y nuestras piernas ya no corren.
Ya no tenemos sueños,
no somos nuestros dueños.
El cielo negro está,
sólo hay oscuridad.
Madrid, 5 de enero de 2012