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2 de Julio, 2008

LA LEYENDA DE ROSELINDE (Quinta parte)

2 de Julio, 2008, 18:18

Laslo debía traicionar a su rey, es decir, debía parecer que Laslo iba a traicionar al rey y debía ser lo suficientemente creíble como para que las pruebas fueran tan irrefutables que pudieran minar toda la confianza que el rey tenía puesta en Laslo desde hacía tantos años.

Esta era una misión muy difícil, pero no imposible. Llevaba años planificando y consiguiendo acumular aliados y pruebas falsas de su terrible traición. Para ese momento, había conseguido crear la ficción entre algunas personas, de que Laslo les estaba pagando, de que Laslo era afín a sus intereses, tanto a este lado como en el otro lado de la frontera del reino.

Tenía incluso documentación y cartas con el sello real del rey Alínamab III, que incriminaban claramente al Conde Laslo de Roselinde en una traición a su propio rey a cambio de las tierras de Rosebounde.

Los dos reinos llevaban generaciones rivalizando por las tierras de Rosehounde. Al final de las cruzadas se firmó un tratado entre ambos reinos repartiéndose amistosamente las tierras de Rosehounde. Roselinde quedó al cuidado de Laslo y Rosebounde entró a formar parte de la corona de Alinamab III.

Rosehounde era una tierra muy ansiada por ambos reinos. La tierra más fértil y rica en agua y minerales. Poseer las tierras de Rosehounde convertía a su propietario en alguien más poderoso que ambos reyes. Sin embargo, era una pérdida que el rey Alinamab III podría permitirse siempre y cuando su reino se quedara con todo lo demás.

Todo bastante creíble, sí. Reimunde sonrió encantado de ver cómo su maquiavélico plan comenzaba a nacer para madurar y hacer suyas las tierras de Roselinde. A largo plazo, Reimunde intentaría quedarse también con Rosebounde y convertirse así en el nuevo Duque de Rosehounde. Pero todo a su tiempo...

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