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Febrero del 2008

CRÓNICA A BORDO II

29 de Febrero, 2008, 10:20

Por @ 29 de Febrero, 2008, 10:20 en + VIVENCIAS

No nos equivoquemos. La vida en el mar es dura. A pesar de que mi trabajo era dentro de lo que cabe, bastante cómodo, se nota lo duro que es esto. Imagino lo duro que debe ser para los marineros. Yo estuve quince días y al principio creía que no iba a poder con ello. El cambio de ritmo y de vida es radical. No tiene nada que ver con lo que hago habitualmente.

Por primera vez en mucho tiempo, conseguí desconectar totalmente de mí misma y de todo lo que formaba parte de mi vida. Lo único que me ataba a mi vida habitual era el móvil cuando tenía cobertura y llamaba o me llamaba alguien. El resto del tiempo yo era yo. No tenía pasado, excepto cuando mis compañeros me preguntaban, no tenía responsabilidades, ni hipotecas, ni parientes, ni aficiones, ni preocupaciones, ni amores, ni desamores. Era yo en mi estado puro. Esa a la que busco muy a menudo y que a veces encuentro durante unos segundos cuando me lanzo desde lo alto del barranco, o cuando termino de escribir un poema. Cuando me miro al espejo y me descubro de nuevo tras esos ojos que me miran.

El tiempo se alarga. Las horas pasan cansinamente y el silencio después de cenar, lo invade todo. Dentro de un par de horas volverá el bullicio en la sala de estar, donde los marineros se relajan tomando unas cervezas, tocando la guitarra o viendo una película. Pero durante ese rato, mi realidad y esta nueva realidad se funden. Mis pensamientos se concentran en el papel, mis sueños se aventuran hasta mi boca y mi imaginación se nutre con los paisajes marinos y el balanceo insistente que mece mi esperanza.

Durante los últimos días sentía que formaba parte de aquel entramado. Es duro. Imagina tres meses embarcada, lejos de todo y de todos. Podría soportarlo?. ¡Claro!. Esto es adictivo. Sobre todo despues de haber jugado con los calderones.

CONSUMIDORES, ¿DIOSES O GILIPOLLAS?

26 de Febrero, 2008, 18:31

Por @ 26 de Febrero, 2008, 18:31 en + PUNTOS DE VISTA

Hace unos días me llegó una carta devuelta por enésima vez de Correos, diciendo que el destinatario era desconocido. Por enésima vez comprobé que la dirección era la correcta con el destinatario y por enésima y una vez la he vuelto a enviar. Pero ya cansada de ello envié carta de reclamación como me explicaron en Información de correos para que subsanen el error y me devuelvan el importe del sello.

Sin embargo, bien mirado, ¿quién va a reclamar estas cosas a Correos?. Cuando la carta te llega devuelta, ya casi te da igual que la reciba o no el destinatario, porque normalmente son cosas que deseas que le lleguen en esa semana o la próxima, pero la carta devuelta devió darse un par de vueltas al mundo porque te llega mes y medio después. Mandas la carta de reclamación, te gastas la fotocopia que le haces al membrete y el sello de la carta y pones un sello para enviarla. Cuando por fín te contestan, si tienes suerte dándote la razón, te reembolsan el valor del sello que pusiste en la carta devuelta, pero mira por donde, el sello que mandaste para reclamar lo ganan. Y es que Jalisco nunca pierde. Llamas a Información de Correos y después de tenerte cinco minutos con la operadora electrónica te dicen que todos los operadores están ocupados y que llames mas tarde y te cuelgan. De ese modo, Telefónica se lleva un pico que no veas porque tienes que volver a pagar el establecimiento de llamada por muy 902 que sea el teléfono marcado.

Todas estas situaciones se van acumulando. Por ejemplo, llevo años comprando las mismas bandejas para la oficina y este mes voy y me entero de que las han descatalogado. Ya no existen. ¿Y qué hago ahora?. ¿Tendré que cambiar todas las bandejas de la oficina?. Con lo bonito que quedaba todo igualito...

O el caso de las carpetas menguantes. Las típicas carpetas azules de gomas ahora han menguado sus solapas. No sólo no son tan anchas como antes, sino que también les han recortado en longitud, con lo que lo que metes en las carpetas se sale por las esquinas. Y si intentas buscar las carpetas de antes, con sus peazo de solapas, nada. NO EXISTEN. Tienes que morir al palo.

La cuestión es que los consumidores somos los que elegimos, los que mantenemos el mercado. Pero como nunca reclamamos por pereza o porque para poner una reclamación en la oficina del consumidor tienes que tener nociones de leyes, y nunca funcionamos en bloque, resulta que en lugar de ser los putos amos, somos gilipollas de los que se ríen las empresas fabricantes y distribuidoras.

Así, casi sin que nos demos cuenta, todos los productos y servicios han bajado de calidad y variedad en detrimento de un precio cada vez más alto. Y como seguimos tragando, pues cada vez se vuelven más y más osados.

Señoras y señores consumidores. ¿Qué somos?. ¿Gilipollas?. Somos los que pagamos. Deberían mostrarnos un poquito de respeto. Porque a mí se me han llegado a poner chulos por teléfono cuando he llamado a la agencia de transporte para saber por qué después de casi un mes de haber entregado en dirección incorrecta mi envío, todavía no habían pasado a recogerlo para subsanar el error. Y la agencia tiene servico 24 horas. Manda güevos!.

Crónica a bordo

25 de Febrero, 2008, 17:24

Por @ 25 de Febrero, 2008, 17:24 en + VIVENCIAS
Después de superar los mareos típicos de las personas aposentadas en el continente, me voy haciendo al ritmo de la vida en el barco. Un ritmo pausado y constante, con su particular cadencia, su distinta forma de juzgar a cada momento qué es importante y qué es urgente.

Mi trabajo no es muy complicado, ayudando al cocinero del barco. “El único trabajo del barco en el que te juzgan dos veces al día”. Dice entre risas el cocinero. Pelando patatas y cortando las verduras en juliana canturreo al ritmo del reggie argentino. Son horas entre fogones y congeladores, aprendiendo cómo aprovechar al máximo los recursos disponibles en la despensa, inventando y creando para el disfrute de la tripulación. Voy tomando nota de los trucos del cocinero para aprovecharlos yo en el futuro.

Cuando estoy fuera de cocina, disfruto con los atardeceres del mar, las danzas de las gaviotas sobre las olas y el intercambio de vivencias de los marineros. Sus anécdotas en diferentes partes del mundo nutren mi imaginación. Paso del inglés al español constantemente, puesto que hay un amplio número de hispanohablantes a bordo. Las largas tardes son tranquilas. Aprovechamos para hacer balance, descansar, leer, ver películas y hablar de nuestras aburridas vidas en tierra.

Por la noche, cuando el temporal lo permite, disfruto de nuevo con un cielo preñado de estrellas como nunca jamás se ha visto desde tierra. Ayer no fue el caso. Camino de Mallorca el barco se balanceó como una atracción de feria fuera de control. Sin embargo, por la mañana llegamos a Mallorca y todo un nuevo mundo se abre ante ti.

En la ciudad todo son prisas. En la ciudad no hay horizontes. En la ciudad nunca miramos hacia las estrellas. No solemos pararnos a pensar lo bello que es este planeta. Nuestro paseo de sobremesa por los alrededores del puerto nos lleva a unos cuantos hasta un café. Noto cómo todavía llevamos el ritmo del barco. Miro a mi alrededor y todos van con prisas. Ni siquiera tomando el café se les ve relajados. Y entonces pienso: “La mayoría de las veces yo también debo ser así”. Seguro que cuando vuelva a casa esta experiencia me habrá aportado una nueva visión de la vida.

Ya os seguiré contando...

FRASES LAPIDARIAS XIII

25 de Febrero, 2008, 17:09

Por @ 25 de Febrero, 2008, 17:09 en + VIVENCIAS

"¡Te voy a dar con todo el pacifismo...!".- Frase de Vicenç, un colega que me suelta la carcajada siempre que lo necesito.

SI NO ME ENCUENTRAS

8 de Febrero, 2008, 18:48

Por @ 8 de Febrero, 2008, 18:48 en + VIVENCIAS

Si me buscas y no me encuentras, no te preocupes. Volveré.

Estoy cumpliendo un sueño. Estoy experimentando una vivencia única. Otra batallita que contar a mis nietos. Estaré disfrutando, aprendiendo, llorando y riendo. Estaré luchando por este mundo tuyo y mío.

No desesperes. Mi voz sigue sonando, esta vez en el mar.

Pero volveré a mi voz blanca y negra, esta que tanto me gusta, me disgusta, me decepciona y me recuerda.

Paz verde.

EL PODER DE TU VOZ

7 de Febrero, 2008, 10:31

Por @ 7 de Febrero, 2008, 10:31 en + ACTÚA!!!

No entiendo por qué el Gobierno español no deja emitir este spot. Lo veo bastante apropiado.

Ponedle voz a los Derechos Humanos.

http://web.es.amnesty.org/elpoderdetuvoz/

DESARROLLO SOSTENIBLE VS CAPITALISMO CANIBAL

4 de Febrero, 2008, 18:35

Por @ 4 de Febrero, 2008, 18:35 en + PUNTOS DE VISTA

Me ha parecido muy interesante este artículo. Recomiendo a todos los gobiernos y a todos los empresarios que lo lean con detenimiento y que tomen nota.

¿Quién cabe en el mundo?

Carlos Fernández Liria | 25-01-2008 | Artículos de Opinión

Si nuestros sistemas políticos fueran lo que dicen ser, en todos los parlamentos se estaría discutiendo ahora una gráfica elaborada por Mathis Wackernagel, investigador del Global Footprint Network (California). Pero no parece que el asunto haya llamado demasiado la atención. Y sin embargo, la gráfica resulta demoledora para las más firmes certezas de nuestra clase política y, por supuesto, para los criterios más evidentes de los votantes. Sobre todo, en un mundo político en el que izquierda y derecha se llenan la boca con los objetivos del "desarrollo sostenible".

La cosa es bien sencilla. El eje vertical representa el Índice de Desarrollo Humano (IDH), elaborado por Naciones Unidas para medir las condiciones de vida de los ciudadanos tomando como indicadores la esperanza de vida al nacer, el nivel educativo y el PIB per cápita. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) considera el IDH "alto" cuando es igual o superior a 0"8, estableciendo que, en caso contrario, los países no están "suficientemente desarrollados". En el eje horizontal se mide la cantidad de planetas Tierra que sería preciso utilizar en el caso de que se generalizara a todo el mundo el nivel de consumo de un país dado. Wackernagel y su equipo hicieron los cálculos para 93 países entre 1975 y 2003. Los resultados son estremecedores y sorprendentes. Si, por ejemplo, se llegara a generalizar el estilo de vida de Burundi, nos sobraría aún más de la mitad del planeta. Pero Burundi está muy por debajo del nivel satisfactorio de desarrollo (0"3 de IDH). En cambio, Reino Unido, por ejemplo, tiene un excelente IDH. El problema es que, para conseguirlo, necesita consumir tantos recursos que, si su estilo de vida se generalizase, nos harían falta tres planetas Tierra. EEUU tiene también buena nota en desarrollo humano; pero su "huella ecológica" es tal que harían falta más de cinco planetas para generalizar su estilo de vida.

Repasando el resto de los 93 países, se comprende que hay motivos para que el trabajo de Wackernagel se titule El mundo suspende en desarrollo sostenible. Como no hay más que un planeta Tierra, es obvio que sólo los países que se sitúen en el área coloreada de la gráfica (por encima de un 0"8 en IDH, sin sobrepasar el número 1 de planetas disponibles) tienen un desarrollo sostenible. Sólo los países comprendidos en esa área serían un modelo político a imitar, al menos para aquellos políticos que quieran conservar el mundo a medio plazo o que no estén dispuestos a defender su derecho (¿quizás racial, divino o histórico?) a vivir indefinidamente muy por encima del resto del mundo.

Ahora bien, ocurre que el área en cuestión está prácticamente vacía. Hay un solo país en el mundo que –por ahora al menos– tiene un desarrollo aceptable y sostenible a la vez: Cuba.

La cosa, por supuesto, da mucho que pensar. Para empezar porque es fácil advertir que la mayor parte de los balseros cubanos huyeron y huyen del país buscando ese otro nivel de consumo que no puede ser generalizado sin destruir el planeta, es decir, reivindicando su derecho a ser tan globalmente irresponsables, criminales y suicidas como lo somos los consumidores estadounidenses o europeos. Tendríamos muy poca vergüenza, desde luego, si condenásemos la pretensión de los demás de imitar el modo como devoramos impunemente el planeta. Pero se reconocerá que la imagen mediática del asunto cambia de forma radical: de lo que realmente huyen es del consumo responsable en busca del Paraíso del consumo suicida y, por intereses estratégicos de acoso a Cuba, se les recibe como héroes de la Libertad en vez de cerrarles las puertas como se hace con quienes huyen de la miseria, por ejemplo, de Burundi (a quienes se trata como una plaga de la que hay que protegerse).

A nivel general, la cosa es mucho más interesante. Es muy significativo que el único país sostenible del mundo sea un país socialista. Suele ser un lugar común entre los economistas que el socialismo resultó ruinoso e ineficaz desde un punto de vista económico. Sorprende que, en un mundo como éste, la falta de competitividad pueda aún considerarse una acusación de peso. En términos de desarrollo sostenible, la economía socialista cubana parece ser máximamente competitiva. En términos de desarrollo suicida, no cabe duda, el capitalismo lo es mucho más.

El mayor reproche que se puede hacer al sistema capitalista es, precisamente, que es incapaz de detenerse e incapaz incluso de ralentizar la marcha. El capitalismo es un sistema preso de su propio impulso. El economista J. K. Galbraith decía que "entre los muchos modelos de lo que debería ser una buena sociedad, nadie ha propuesto jamás la rueda de la ardilla". Sin embargo, nos encontramos con que, aunque nadie lo haya propuesto, este absurdo parece haberse impuesto de hecho: en el capitalismo cada uno trata de imponerse a la competencia aumentando su productividad para no perder mercado pero, al encontrarse todos en la misma carrera, no llega nunca el momento en que pueda detenerse este aumento ininterrumpidamente creciente del ritmo y la consiguiente dilapidación de recursos.

Ante esta dinámica absurda, debemos exigir el derecho a pararnos. No podemos permitir que nuestros ministros de Economía nos sigan convenciendo de que "crecer" por debajo del 2 ó 3% es catastrófico, y no podemos permitir que nuestros políticos sigan proponiendo como solución a los países pobres que imiten a los ricos. Es materialmente imposible. El planeta no da para tanto. Cuando proponen ese modelo saben que, en realidad, están defendiendo algo muy distinto: que nos encerremos en fortalezas, protegidos por vallas cada vez más altas, donde poder literalmente devorar el planeta sin que nadie nos moleste ni nos imite. Es nuestra solución final, un nuevo Auschwitz invertido en el que en lugar de encerrar a las víctimas, nos encerramos nosotros a salvo del arma de destrucción masiva más potente de la historia: el sistema económico internacional.

Carlos Fernández Liria es profesor titular de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid

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