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UN AGUJERO MUY PROFUNDO
4 de Julio, 2008, 12:38
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Y el buho vio que el hombre estaba triste y le dijo, "No me gusta verte así de triste, pide lo que quieras y te lo daremos". Y el hombre dijo, "quiero tener muy buena vista", y el buho le dijo, "la misma vista que yo tengo tú la tendrás". Y el hombre dijo, "anhelo conocer los secretos de la tierra". Y la serpiente dijo, "los secretos que yo conozco, tú conocerás". Y el hombre dijo, "quiero ser fuerte". Y el jaguar le dijo, "la fuerza que yo tengo, tú la tendrás".
Y así uno a uno todos los animales le dieron un presente al hombre y cuando tuvo todos los regalos, se marchó de allí. Y el buho dijo, "Ahora el hombre tiene mucho y sabe mucho y tengo miedo". "Pero ahora el hombre será feliz, pues lo tiene todo", dijo el ciervo. Y el buho dijo, "he visto en el hombre un agujero muy profundo, tan profundo que no se puede llenar. Eso es lo que le hace sentirse triste. Y nunca tendrá suficiente y siempre deseará más, hasta que un día la tierra diga: ya no tengo mas, estoy vacía".
Cuento indio narrado en APOCALYPTO de Mel Gibson.
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LA LEYENDA DE ROSELINDE (Quinta parte)
2 de Julio, 2008, 18:18
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Laslo debía traicionar a su rey, es decir, debía parecer que Laslo iba a traicionar al rey y debía ser lo suficientemente creíble como para que las pruebas fueran tan irrefutables que pudieran minar toda la confianza que el rey tenía puesta en Laslo desde hacía tantos años.
Esta era una misión muy difícil, pero no imposible. Llevaba años planificando y consiguiendo acumular aliados y pruebas falsas de su terrible traición. Para ese momento, había conseguido crear la ficción entre algunas personas, de que Laslo les estaba pagando, de que Laslo era afín a sus intereses, tanto a este lado como en el otro lado de la frontera del reino.
Tenía incluso documentación y cartas con el sello real del rey Alínamab III, que incriminaban claramente al Conde Laslo de Roselinde en una traición a su propio rey a cambio de las tierras de Rosebounde.
Los dos reinos llevaban generaciones rivalizando por las tierras de Rosehounde. Al final de las cruzadas se firmó un tratado entre ambos reinos repartiéndose amistosamente las tierras de Rosehounde. Roselinde quedó al cuidado de Laslo y Rosebounde entró a formar parte de la corona de Alinamab III.
Rosehounde era una tierra muy ansiada por ambos reinos. La tierra más fértil y rica en agua y minerales. Poseer las tierras de Rosehounde convertía a su propietario en alguien más poderoso que ambos reyes. Sin embargo, era una pérdida que el rey Alinamab III podría permitirse siempre y cuando su reino se quedara con todo lo demás.
Todo bastante creíble, sí. Reimunde sonrió encantado de ver cómo su maquiavélico plan comenzaba a nacer para madurar y hacer suyas las tierras de Roselinde. A largo plazo, Reimunde intentaría quedarse también con Rosebounde y convertirse así en el nuevo Duque de Rosehounde. Pero todo a su tiempo...
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LA LEYENDA DE ROSELINDE (Cuarta parte)
1 de Julio, 2008, 12:23
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Reimunde acertó a la primera. El ciervo de enormes astas cayó fulminado en el suelo con la flecha de Reimunde clavada en el costado. Los vítores de sus amigos y criados ahogaron los últimos lamentos del pobre animal.
La caza era su vida. El joven marqués no tenía otra habilidad que no fuera la caza, salvo otra que tarde o temprano conseguiría sacarle partido en la corte; la ambición. Reimunde no tenía mas que unas miserables tierras heredadas de su tío abuelo al este del reino, que no poseían gran riqueza. Su nombre era prácticamente todo lo que había heredado de su padre, el cual había malgastado los bienes de la familia en mujeres y en el juego. Pero tarde o temprano conseguiría lo que tanto codiciaba.
Las mejores tierras del reino estaban en el condado de Roselinde, tierras que el rey había cedido a su muy allegado amigo Laslo, que le había acompañado en las Cruzadas y había demostrado su valía en el combate y su fidelidad a su rey y amigo. Aquellas tierra tenían que ser para él. Llevaba mucho tiempo tramando un modo de conseguir quedarse con las tierras, aunque no iba a ser fácil.
Tenía intención de iniciar sus planes dentro de un año, pero los rumores de que el rey pretendía casar al príncipe Damián con la hija del conde le obligó a acelerar sus planes. No podía permitir que se produjera esa unión, puesto que las tierras de Roselinde serían mucho más difíciles de conseguir.
El conde de Roselinde tenía, además, dos hijos. La mayor, Ana Maríe y el menos Cédric, que sería el heredero del condado de Roselinde. Su plan debía terminar con los tres, y el modo más sencillo de quitarle las tierras a su dueño y de evitar que sus hijos la heredasen era la traición.
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LA LEYENDA DE ROSELINDE (Tercera parte)
30 de Junio, 2008, 16:40
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Damián dio un portazo al salir de los aposentos del rey. De nuevo la misma discusión. El joven se sentía atado y agobiado por las obligaciones de ser príncipe. De nuevo su padre le insistía en que debía buscar esposa, ya que una de las obligaciones del rey era proporcionar un heredero que continuara con la dinastía.
Damián se sentía demasiado joven para ataduras. Disfrutaba de la vida palaciega con todas aquellas bellas damas que le satisfacían en todos sus caprichos. El ultimatum de su padre no le gustó en absoluto. El rey había concertado una visita al castillo del Conde de Roselinde, uno de los súbditos más leales y amigo personal de su padre, para conocer a la hija de éste.
El joven príncipe no quiso ni oir hablar del tema. Cogió algunas pertenencias montó en su caballo y comenzó a cabalgar sin rumbo. Había oído hablar de las mujeres de Roselinde. La esposa del Conde, decían que era de una belleza tal que embrujaba a los hombres con su mirada. Y también corrían rumores de que tenía conocimientos de artes prohibidas de hechizos y brujería.
También había oído que la hija era exactamente igual que la madre, por belleza y por conocedora de las paganas hechicerías. Tiró de la rienda de la derecha y cambió el rumbo de su caballo hacia el norte, donde se encontraban las tierras de Roselinde. Echaría un vistazo. Nunca se sabe...
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LA LEYENDA DE ROSELINDE (Segunda parte)
27 de Junio, 2008, 12:40
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La niña apreció que le acompañara aquel apuesto caballero que había salido de la nada. Había mucho hombres nobles que se comportaban bien con una mujer, pero seguía siendo muy peligroso para una mujer aventurarse sola por aquellos parajes. Por eso llevaba la ballesta.
El caballero le contó su triste historia, la de un hijo de noble que no pudo heredar el nombre de su padre por no ser el primogénito y que no quiso tomar los votos, por lo que decidió vagabundear por el reino en busca de aventurar que le forjaran una fama y el honor de ganarse una tierra propia. La niña le escuchaba absorta mientras caminaban plácidamente por el camino que llevaba al castillo.
Consiguió arrancarle su nombre de pila; Román. El se despidió cuando se divisó gente que venía del castillo en busca de la hija del Conde. Ella no quería que se fuera, pero nada podía atar al caballero.
- ¿Y si necesito de vuestra ayuda, don Román?.- Preguntó ella con los ojos tiernos.
- Acudiré en vuestra ayuda, bella Ana.
- ¿Cómo vais a saber cuándo os necesito?.
- Me quedaré cerca de vos y os vigilaré día y noche.- El joven moreno besó la suave mano de aquella gentil dama y montó su negro corcel.
La niña corrió hacia el castillo. Su ama y dos criados habían salido en su busca. Ana pensó que el príncipe ya habría llegado, pero su ama le comunicó que sólo había llegado un emisario del rey, pidiendo disculpas y postponiendo la visita a la semana siguiente.
Ana respiró aliviada. Tendría una semana más de paz. Poca gracia le hacía comprometerse con un desconocido, por muy príncipe heredero que fuera éste. Además, aquel joven caballero era tan apuesto y educado...
La niña se dio la vuelta por si pudiera ver la silueta del joven, pero no vio nada. ¿Sería verdad lo que dijo? ¿Estaría vigilándola sin que ella lo supiera?. Un cosquilleo le recorrió todo el cuerpo y empezó a sentir algo que hasta entonces no había sentido. Pronto descubriría que aquello que sentía era pasión.
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JUST HOLD ME
26 de Junio, 2008, 18:03
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"Comfortable as I am, I need your reassurance Comfortable as you are, You count the days But if I wanted silence I would whisper If I wanted loneliness I´d choose to go If I liked rejection I´d audition And if I didn´t love you, you would know So why can´t you just hold me, how come it´s so hard? Do you like to see me broken? Why do I still care? You say you see the light now at the end of this narrow hall I wish it didn´t matter I wish I didn´t give you all But if I wanted silence I would whisper If I wanted loneliness I´d choose o go If I liked rejection I´d audition And if I didn´t love you, you would know So why can´t you just hold me How come it´s so hard? Do you like to see me broken? Why do I still care? Poor little misunderstood baby No one likes a sad face But I can´t remember life without him I think I did have good days I´m sure I did have good days...
Why..."
María Mena.
Qué horrible parece cuando se acaba.
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LA LEYENDA DE ROSELINDE (Primera parte)
25 de Junio, 2008, 18:08
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Ana Maríe observó su imagen en el riachuelo. Su larga melena negra y rizada caía sobre sus hombre y tocaba el agua con las puntas. Los pececillos escaparon al notar las vibraciones de los cabellos sobre el agua. Tendría que ir a casa para mesarse los cabellos, tal vez recogérselos y ponerse otro vestido, mas apropiado para una recepción, pero no le apetecía marcharse de allí. La mañana era plácida y brillante. No hacía mucho frío y la vida parecía sonreir.
Su padre se enfadaría con ella por no estar lista para recibir al príncipe. A su padre parecía que le importaba mucho que se conocieran. Tal vez crea que el príncipe quiera escogerla como esposa, pero Ana Marie lo dudaba. No era una muchachita refinada que se quedaba todo el día en el castillo haciendo bordados. A ella le gustaba cabalgar y disfrutar del campo. Su ama le decía constantemente que era una rebelde y que si no se enderezaba jamás conseguiría marido. Pero eso a la niña mujer de catorce años recién cumplidos, no le interesaba lo más mínimo.
Escuchó el crujir de unas ramas a sus espaldas. Agilmente, se levantó y giró en redondo apuntando con su ballesta.
El caballero errante se quedó perplejó al ver tal hermosidad frente a ella. Había descendido de su corcel negro al oir una melodía exquisita cantada por una voz que no podía ser más de que un ángel. Caminó al interior de la arboleda y observó aquella silueta sentada junto al riachuelo.
- ¿Sois una ninfa de los bosques?.- Dijo por fín el desconocido. Ana Maríe se quedó un tanto perpleja. Delante de ella tenía un caballero con pobres pero delicados y bien cuidados ropajes que la miraba con la boca abierta. Observó que no empuñaba arma alguna y rió.
- No. No soy ninguna ninfa, caballero.- Y bajó la ballesta.
- Pues sois un ángel entonces, un ser celestial.- Dijo mientra hincaba una rodilla al suelo. La joven se ruborizó.- ¿Podría saber vuestro dulce nombre?.
- Ana Maríe de Roselinde.- Dijo en voz baja.- ¿Y el vuestro, caballero?.
- No he logrado honor suficiente en mis andanzas como para forjarme un nombre, mi dama.- Dijo mientras se incorporaba.
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EL FIN DE LA GUERRA (Segunda parte)
24 de Junio, 2008, 18:10
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- ¿Por qué luchamos?.- Dijo en voz alta hacia la oscuridad del calabozo. Las toses y los sollozos se detuvieron y un montón de ojos le miraron interrogantes. - ¿Por qué nos han preparado desde pequeños para odiar y matar a esos que están ahí fuera?.- Dos carceleros se habían asomado por el ventanuco de la puerta al oir hablar a Alan.
- Porque estamos en guerra. - Contestó Johnson. Alan le miró. Era su sargento desde hacía dos años. El sargento que más ha durado a su lado. Al comandante Willson siempre le encomendaban las misiones más peligrosas, como aquélla que no pudo llevar a cabo, porque era endemoniadamente bueno. Los reemplazos eran constantes. En su batallón causaban bajas, muchas bajas, en todas las incursiones. Sin embargo, Johnson había conseguido aguantar dos años, al igual que unos cinco o seis soldados que seguía con él desde el principio.
- ¿Por qué estamos en guerra?.- Hubo un silencio que planeó por la sala durante unos cuantos segundos. Algunos carraspeos interrumpieron el silencio, pero todavía nadie se pronunció.- ¿Por qué estamos en guerra?.- Dijo esta vez gritando.
- Porque ellos quisieron quitarnos nuestra agua y nuestra comida.- Dijo una niña morena. Alan se levantó y se dirigió hacia la puerta.
- ¿Por qué empezó la guerra?.- Les preguntó a los carceleros.- ¿Cuál es vuestra versión?. ¿Por qué luchamos los unos contra los otros?.- El hombre y la mujer que le miraban desde la puerta lo miraron sorprendidos. ¿Qué clase de pregunta es esa?.
- ¡Y qué importa!. ¡Lo que importa es que tenemos que ganar!.- Le grító el hombre.
- El norte estuvo durante mucho tiempo expoliando los recursos del sur.- Comenzó a hablar la muchacha.- El norte vivía bien acosta del sufrimiento del sur. Además, las plagas que padecimos fueron causa del norte. El norte se limpiaba su conciencia dándonos limosna hasta que nuestros antepasados se hartaron y reclamaron los recursos del norte.- Alan sonrió. Sabía que la versión del sur sería también bastante creíble.
- Pero ya no quedan recursos ni en el norte ni en el sur. No hay nada por lo que luchar...
La mujer le miró a los ojos. Era una mujer de piel oscura con unos ojos negros enormes.
- Es cierto. Ya no queda nada.- La mujer miró a su compañero.- ¿Por qué luchamos, entonces?.
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EL FINAL DE LA GUERRA (Primera parte)
24 de Junio, 2008, 10:31
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Un leve resplandor iluminaba el calabozo. Las siluetas de las personas casi no se distinguían de las húmedas paredes. Toses, carraspeos e incluso llantos se escuchaban como ruidos de fondo. Había fracasado. El era su comandante. El había fracasado en una misión suicida y los había condenado a muerte.
Miró hacia atrás intentando recordar cuando era todavía un niño al que no le habían enseñado a guerrear. En clase le contaban cómo empezó la guerra. El sur había sufrido una y otra vez grandes catástrofes que los había dejado sin tierras, sin comida y sin agua. El norte ayudó en todo lo que pudo al sur, pero el sur siempre quería más y decidieron invadir al norte. La guerra se declaró entre ellos. Alan pensó que tal vez los del sur tuvieran otro punto de vista de cómo empezó todo.
De todos modos aquello pasó hace ya cinco generaciones. Ahora ya todos luchaban como parte de la vida. Ya no sabían qué otra cosa hacer. Ya se comportaban como robots, los unos sin saber otra cosa que dar órdenes y los otros que obedecer las órdenes. Hacía mucho tiempo que ya nadie se había parado a pensar por qué todavía seguían luchando. Las reservas de alimentos y agua que codiciaban los del sur hacía tiempo que se agotaron. Tanto el norte como el sur eran grandes campos de batalla desiertos y sin vida. ¿Cuándo parará todo aquello?. Tal vez cuando todos los hombres y mujeres hayan muerto. Se alegró de no haber procreado nunca. Ninguna de sus parejas quedó embarazada. Era un alivio saber que no dejaba atrás a un vástago de su sangre que corriera la misma suerte que él.
Miró a sus compañeros y compañeras. Todos cabizbajos y pensativos. Algunos se abrazaban a su pareja. Otros miraban al infinito. Todos eran unos críos. La edad del servicio había ido disminuyendo con el tiempo. Un niño era apto para la academia militar con siete años y generalmente a los trece o catorce ya estaban incluidos en algún batallón. En comparación con sus soldados él a sus diecinueve años era un viejo carcamal, aunque no era el más viejo del pelotón. La teniente Collins tenía veintidos y ya había disfrutado de dos permisos por maternidad.
Bajó la cabeza hacia el suelo cuando se dio cuenta de que Collins había muerto en la última hondonada. Ahora sí era el más viejo del batallón.
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EL RECIPIENTE (Sexta parte)
23 de Junio, 2008, 18:13
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El sacerdote no hizo ningún movimiento cuando la cinta de video terminó. El policía le miró también en silencio durante unos segundos. Al cabo de un rato carraspeó.
- Bueno, Padre. Ya lo ha visto. ¿Le ha aclarado algo?. ¿Sabe que puede haber pasado?.- El curo miró a su interlocutor con seriedad y movió la cabeza negativamente.
- Y dice que el médico murió de un infarto...
- Así es. La chica aprovechó la oportunidad. El médico debió asustarse de ella o algo así, le dio un cacharrazo al corazón y ella aprovechó la oportunidad para salir de la sala.
- ¿Y cómo salió del Hospital?.- El policía se encogió de hombros.
- Aún lo estamos investigando.- El sacerdote le agradeció al policía su colaboración y le prometió que si averiguaba algo sobre el paradero de la mujer se lo haría saber.
Salió de la comisaría y caminó sin rumbo aparente durante un rato. Deseaba ordenar sus ideas. La chica había matado al médico intencionadamente. De eso no le quedaba dudas. Ella misma había afirmado que ya sabía cómo funcionaba su "maleficio" y lo había utilizado claramente contra el psiquiatra. No podía creer que aquella muchacha hubiera sido capaz de hacer lo que había hecho. Tal vez Su Santidad tenía razón y ella albergaba el mal...
Pero había hablado de sus hijas, en plural. Eso le descolocó por completo. Tal vez todo sea un cúmulo de coincidencias y aquella joven fuera una mujer normal y corriente, que todo aquello no fuera más que un mal sueño.
Decidió hablar con su superior en España. Le contó lo que había sucedido y su superior, evidentemente creyó lo mismo que el Papa. Aquella mujer albergaba provablemente al mismísimo Anticristo.
- Excelencia. No creo que sea así. Existe un padre biológico.- El Obispo levantó una ceja.
- ¿En serio?.
- Además, dice que son hijas. En ninguna parte de la Biblia se habla de dos Anticristos, ni tampoco de dos Cristos. Y mucho menos que sean mujeres.
- Tiene razón. Tal vez sea una falsa alarma. Informaré a su Santidad y decidiremos si cerramos el caso.
El Padre Estebanez respiró aliviado cuando supo que se había cerrado el caso. No estaba seguro de nada a esas alturas, pero lo que tenía claro era que no iba a permitir que a esa mujer le ocurriera nada.
Y mucho menos a sus propias hijas.
FIN.
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